El alma de Mas Pineda

El alma de Mas Pineda

"La vida te trae oportunidades y creo que, algunas, no se pueden dejar escapar."

Hola, soy Laia. I te doy la bienvenida a mi sueño: Mas Pineda.

Un proyecto que me acompaña desde el 2015, con mucho amor y dedicación. Tengo que confesarlo: fue amor a primera vista. En el año 2008, cuando mi marido me llevó a ver esta casa, aún no era “Mas Pineda”. Solo eran piedras desperdigadas, tejados inacabados, no había demasiado verde, ya que había rocas de la cantera, radiadores antiguos, baldosas aquí y allá, vigas de madera... pero me enamoré. Fue un sentimiento, una sensación extraña, una conexión muy fuerte que hizo que desde aquel momento, no pudiera dejar de pensar en la casa. Era una fijación dentro de mí. Las reformas avanzaban muy poco a poco y conllevaban grandes dosis de esfuerzo y trabajo por parte de todos. Pero al final, todo cogió forma y llegó el momento de decidir qué hacer con Mas Pineda: ¿alquilarla o cuidarla y gestionarla nosotros mismos? En aquel momento, hacía poco que había pasado un cáncer de mama, con todo lo que ello supone, y había estado todo un año de baja. Tras probar de vivir en la ciudad condal, donde mi marido trabajaba, y ver que nunca me acababa de adaptar, que siempre tenía en mente Mas Pineda, surgió la posibilidad de que yo la gestionara. Mis estudios eran de Publicidad y Turismo, pero nunca había llegado a pensar que acabaran sirviéndome para gestionar una masía rural y acabar haciendo aquello que más quería sin haberlo sabido. Mi marido y yo nos casamos en Mas Pineda y un año después, la abrimos al público. Tenía tantas ganas -y aún ahora las tengo- de compartir Mas Pineda con todo el mundo: que la pudieran disfrutar, vivirla y amarla tanto como lo hago yo. No creo del todo en el destino pero tengo que decir que la vida me ha ido llevando desde bien pequeña hasta donde estoy ahora. Nací en Anglès (La Selva), siendo la pequeña de tres hermanos, pasé muchas horas con mis abuelos, que me enseñaron a amar las plantas, la tierra, los animales de granja y las cosas hechas a mano y con amor. Mis padres me han enseñado que las cosas solo se consiguen con esfuerzo y perseverancia, me han inculcado un amor incondicional por la naturaleza que nos rodea y, sobre todo, me han enseñado la importancia de cuidar aquello que más quieres.

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